Piensa en un Ferrari. Chulo, ¿a que sí? Pero guardado en el garaje, solo coge polvo. O si lo conduce alguien que no sabe conducir, la cosa acaba en urgencias (pobrecitos).
Tú y tu marca sois lo mismo: tú el conductor, ella el vehículo. Aquí diseñaremos ambos, porque si uno falla, falla todo.
Y sobre todo nos centraremos en ti como conductor, porque, ¿qué llega antes a la meta, Fernando Alonso con un Seat Panda, o un anciano con un Ferrari?
Lo vas pillando 😉
Lo más importante para llegar a tu meta es que tú seas ese buen conductor. Si no, no sirve de nada el pedazo de negocio o idea que puedas tener, podrás estamparlo sin querer.
Verás la luz al final del túnel. No por suerte, sino porque es aquí donde la diseñarás.